Pediatra En Casa DR. LUIS RUIZ PEDIATRA Guatemala

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Mayo 2008 |

Que los adolescentes son fácilmente impresionables todos lo sabemos. Pero como todos hemos sido adolescentes, también sabemos que necesitan orientación y… un poco de firmeza de parte de los padres. Los padres no deben entrar en pánico cuando descubren que sus hijos están cambiando. Es natural. Todos sabemos lo complicado que es descubrir cuál es nuestro lugar en el mundo; lo difícil que es conformarse con tantas cosas que no están bien… El choque de los ideales con la realidad puede ser muy duro, pero se supera. ¿Cómo lograr que ese “conformarse con la realidad” no termine en simple conformismo? ¿Cómo lograr un sano equilibrio entre los ideales y la realidad?

En primer lugar, haciendo ver a los hijos que todo lo bueno requiere tiempo; que los cambios no se logran de la noche a la mañana; que esa será su tarea de toda la vida. Habrá que enseñarles que la obra más importante que tienen que escribir es su propia vida; que no se extrañen si hay tachones, hojas en blanco e incoherencias. ¿Quién ha dicho que escribir una gran novela sea fácil? Pero la magnitud e importancia de la empresa es lo que le confiere su atractivo. ¿Qué obra escribiré con mi vida? ¿Un comedia? ¿Una novela insustancial? Cada día es una página escrita en la gran obra de mi vida. ¿Qué página escribí hoy?

Habrá que enseñar a los hijos adolescentes, dialogando con ellos, que el mejor camino para lograr los ideales por los que sueñan no necesariamente es el más rápido y el más fácil. Muchas veces, es justamente lo contrario: las cosas buenas de la vida cuestan, y se consiguen con paso del tiempo. “La paciencia todo lo alcanza”; “por la paciencia poseeréis vuestras almas”, han dicho los santos. Los padres tendrán que comprender que si de algo carecen los adolescentes es de paciencia. Es natural; les sucede como aquel pobre hombre que pedía a Dios: “Dios mío, dame paciencia, ¡pero dámela ya!”. Si un adolescente no tuviera prisa por ver logrados sus proyectos, algo extraño estaría pasando. En este caso, quienes deben tener paciencia son los padres.

En tercer lugar, habrá que hacer ver a los hijos adolescentes que la libertad se gana y se conquista. Todo joven quiere ser libre; tal vez sea ésa su más profunda aspiración. Pero se olvidan de que la libertad también hay que ganársela. Y la primera libertad que tienen que ganar es la de ser libres de sus ganas y de sus caprichos, de sus sentimientos e instintos. “A ser hombre se aprende”, dice el lema de un colegio. A ser libre, también. Ser libre no es poder hacer lo que me dé la gana. Eso es ser esclavo de las ganas. Los niños no son libres, precisamente porque son juguetes de sus deseos y apetencias del momento: no saben decirse que no, dominarse. No son dueños de sí mismos. Ésa es la más ardua tarea: la de llegar a ser señores de nosotros mismos. Y que no se dejen influenciar por cancioncitas… “Libre como el sol”, “libre como el mar”… ¿Se han molestado en pensar que ni el sol ni el mar son libres, que el sol tiene que salir todos los días y que las olas del dependen de la atracción de la luna? Habrá que enseñarles, también, a tener criterio propio.

Los adolescentes, por naturaleza, son extremistas: o perfectos, o muertos. No saben lidiar con el término medio, desprecian la imperfección. Si es un joven, “antes muerto que tener una gran barriga”; si es una jovencita, “antes me muero que tener una cara llena de cicatrices”. La mejor ayuda que se les puede dar es lograr que salgan un poco de sí mismos, que piensen en los demás. Dejarán de pensar en sus pequeños problemas cuando vean la magnitud de los problemas que otros afrontan con dignidad y sin quejarse tanto. 

Nadie ha dicho que educar adolescentes sea fácil. Pero el camino no es condescender; es empeñarse más en tener mano de hierro con guante de algodón.

 

El Angel de los Niños

Autor : Desconocido.

El Angel de los Niños

Cuenta una leyenda que a un angelito que estaba en el cielo, le tocó su turno de nacer como niño y le dijo un día a Dios:

– Me dicen que me vas a enviar mañana a la tierra. ¿Pero, cómo vivir? tan pequeño e indefenso como soy

– Entre muchos ángeles escogí uno para ti, que te esta esperando y que te cuidara.

– Pero dime, aquí en el cielo no hago más que cantar y Sonreír, eso basta para ser feliz.

– Tu ángel te cantará, te sonreirá todos los días y tu sentirás su amor y serás feliz.

-¿Y como entender lo que la gente me hable, si no conozco el extraño idioma que hablan los hombres?

– Tu ángel te dirá las palabras mas dulces y más tiernas que puedas escuchar y con mucha paciencia y con cariño te enseñará a hablar.

-¿Y que haré cuando quiera hablar contigo?

– Tu ángel te juntará las manitas te enseñará a orar y podrás hablarme.

-He oído que en la tierra hay hombres malos. ¿Quién me defenderá?

– Tu ángel te defenderá mas aún a costa de su propia vida.

– Pero estaré siempre triste porque no te veré más Señor.

– Tu ángel te hablará siempre de Mí y te enseñará el camino para que regreses a mi presencia, aunque yo siempre estaré a tu lado.

En ese instante, una gran paz reinaba en el cielo pero ya se oían voces terrestres, y el niño presuroso repetía con lágrimas en sus ojitos sollozando…

-¡¡Dios mío, si ya me voy dime su nombre!!. ¿Cómo se llama mi ángel?

– Su nombre no importa, tu le dirás : MAMÁ .

Hace unos siglos un famoso pensador griego dijo: “Lo único permanente es que

vivimos en mundo de cambios”

 

¿Qué paradoja verdad? El mundo que nos ha tocado vivir es uno en que todo

cambia a una velocidad que difícilmente podemos alcanzar. Las formas de

comprar, producir, organizarnos para lograr el éxito, distribuir,

promocionar y vender están cambiando permanentemente y cada vez a una

velocidad mayor. Probable-mente la respuesta principal a tanto cambio sea el

impresionante avance de la tecnología, especialmente en dos actividades: la

informática y las telecomunicaciones.  Pero ¿cómo preparar a nuestros hijos

para que puedan ser mejores ciudadanos del mundo?

 

 

Debemos preparar a nuestros hijos para el mundo del futuro, no el mundo de

nuestros padres ni el nuestro. En este mundo actual lo determinante para

triunfar será el carácter, no exactamente el conocimiento, como muchos

pudiéramos creer. Tener temple, salir de fracasos adecuadamente, hacer de

los fracasos un desafío y no una tragedia…, eso será lo que buscarán los

seleccionadores de personal.

 

Para los trabajadores independientes será un auto requisito.

 

Un hijo forjará carácter si percibe claramente la autoridad de los padres.

Con presencia de autoridad los niños y jóvenes a su vez actuarán con

autoridad para resolver sus problemas; actuarán por determinaciones. Sin

presencia de autoridad nuestros hijos serán débiles de carácter y actuarán

por impulsos con los consecuentes problemas de adaptación.

 

¿Exceso de autoridad? Siempre será mejor exceso que falta de autoridad. El

límite de autoridad lo pone la siguiente regla: “La autoridad no debe

humillar”. Básicamente lo que es el niño o el joven hoy será el adulto del

mañana. De vez en cuando hay que mirar al hijo como un adulto potencial.

 

¿Queremos que nuestros hijos no sufran? Entonces hay que prepararlos para

sufrir. No podemos estarle evitando todo el tiempo todo posible sufrimiento

¿si no cuándo aprenderá? Deben comprender la muerte, los problemas de la

vida, los problemas en el trato de sus congéneres. No debemos resolverles

todos los problemas, hay que ayudarlos a que poco a poco los resuelvan ellos

mismos. Nadie logra metas exitosas y duraderas sin un poco de sufrimiento.

¿Alguien imagina a un campeón de atletismo que no sufra para lograr sus

marcas? Eso se aplica a todo tipo de campeón y a todo tipo de actividad.

Siempre hay que pensar que, en parte, no queremos que ellos sufran para no

sufrir nosotros, pero les hacemos un daño con miras al futuro.

 

Hay que enseñarles a hacer ESFUERZOS SUPLEMENTARIOS.  Que sepan que siempre

se puede un poquito más. Recuerda que nadie recoge su cosecha sin sembrar

muchas semillas y abonar mucha tierra.

 

Es muy importante enseñarles a carecer, es decir a “sentir la falta de” y

arreglárselas por sí mismos. Hay chicos que no juegan su deporte si no

tienen zapatillas de “marca”. Si no aprendes a carecer no aprendes a

arreglártelas. Aunque tengamos para darles el 100%, los chicos deben saber

el valor de las cosas. Si no lo hacen de chicos, les será muy difícil de

adultos y allí sí que van a sufrir y nosotros también con ellos.  ¿Cómo les

enseñamos a carecer? ¡Dándoles un poquito menos de lo que necesitan! ¡No hay

otra manera! Si no ¿cómo sienten la falta de? Así aprenden a apreciar lo que

tienen. Aprenden a no ser ingratos. Aprenden a gozar de la vida porque

muchas veces se goza en las cosas sencillas. Aprenden a no ser quejosos.

 

Una excelente escuela para aprender a carecer (sin morir en el intento) es

la mesa del hogar, la comida. ¿Qué debemos darles de comer? ¡Lo que nosotros

decidamos que es bueno para ellos! Es no sólo por su bien  estomacal, sino

que es una excelente forma de que aprendan a carecer, que no sean ingratos,

que no sean quejosos. “Mami… no me gustan las lentejas”. Si quieren

hacerles un bien para la vida, denles las lentejas. Habrá berrinches, no se

exalten (autoridad no es gritar), que no coma si no quiere, pero cuando le

vuelva el hambre: ¡SORPRESA! … ¡Las lentejas del refrigerador calentadas!

 

Parece increíble, pero si no hacemos este tipo de cosas no se podrá adaptar.

La comida es una buena escuela del carecer, pues así no serán quisquillosos

en sus relaciones sociales, en el trabajo y en el mundo real.

 

También hay que educarlos en el servicio. Una familia normal es un equipo de

trabajo con pocas tareas: tender la cama, limpiar los cuartos, lavar los

platos, pintar la casa, etc. Hay que educarlos para que realicen labores de

hogar, aunque lo hagan mal al principio. Si no hacen este tipo de servicios

luego tendrán problemas. Las escuelas más importantes de liderazgo del mundo

enseñan a los jóvenes a carecer, para que sepan y entiendan el mundo y lo

puedan liderar.

 

¿Mesadas? Que sean una cantidad fija, más bien, semanales y algo menos de lo

que creen que necesitan. Así aprenden a administrar el dinero. Claro que se

deben aceptar excepciones, pero conversadas serenamente.

 

Construyamos hijos luchadores, no debiluchos sobreprotegidos..  Que se

superen a sí mismos. Que tomen los problemas como desafíos para mejorar.

Recuerden que nadie alcanza altura con un solo vuelo. También hay que

ilusionarlos con ideales, metas futuras, sueños para que sean buenos de

corazón. Importante también es estar convencidos de que triunfador no

equivale a tener “dinero o propiedades” , triunfadores son aquellos que son

felices con lo que hacen, con su vida. Solamente así podrán hacer felices a

otros.

 

Los hijos con carácter templado, conocimiento del carecer, educados en el

servicio y plenos de amor e ilusiones serán hijos triunfadores.

 

Los padres tenemos la gran responsabilidad de criar hijos que transformen

nuestro país, en uno donde reine la libertad, la abundancia, la justicia y

sobre todo la felicidad.


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