Pediatra En Casa DR. LUIS RUIZ PEDIATRA Guatemala

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La urticaria papular (Prúrigo agudo, prúrigo insectario) es un trastorno común de la infancia que se manifiesta por pápulas o ronchas pequeñas recurrentes producidas por una reacción de hipersensibilidad a la mordedura o picadura de pulgas, mosquitos y otros insectos. La urticaria papular no sólo es una afección con síntomas molestos, sino que existe además la posibilidad de complicación por sobreinfección bacteriana. El aspecto más difícil en el enfrentamiento del prúrigo agudo en la práctica diaria es el convencer a los padres de que el niño está siendo mordido por algún insecto y la identificación y erradicación de la fuente del ectoparásito.

¿Su real frecuencia?
La urticaria papular es un trastorno común de la infancia. Aparece en el casi 90% de los casos durante los primeros 3 años de vida. Aunque se han descrito casos en recién nacidos de 2 semanas de vida, es más frecuente en niños entre los 2 y 7 años de edad, principalmente en los que tienen historia de dermatitis atópica.

El prúrigo agudo puede presentarse en cualquier época del año, siendo más prevalente en primavera y verano. En ocasiones los brotes coinciden con la llegada de una mascota a la casa, y mejoran con un cambio de domicilio u hospitalización. Afecta principalmente a las clases socioeconómicas bajas.


Muchos artrópodos son capaces de producir una respuesta alérgica en individuos sensibilizados. Las pulgas son la causa más frecuente de prúrigo insectario, pero cuando el cuadro clínico es atípico, deben tenerse en consideración otras causas posibles, como mosquitos, escabiosis y pediculosis. En el verano, la mayoría de los prúrigos insectarios en superficies expuestas se deben a mordeduras de mosquito.

¿Cómo se presenta en los niños?
La lesión inicial del prúrigo agudo es una roncha, con frecuencia coronada por un punto oscuro central o una vesícula. Tras algunas horas se forman pápulas firmes, brillantes, de 3 a 10 milímetros de diámetro, agrupadas, de distribución simétrica y muy pruriginosa. Pueden estar excoriadas, liquenificadas, o sobreinfectadas, con formación de costras en su superficie. Las lesiones recurren en brotes de entre 10 y 20 lesiones, y se encuentran en distintas etapas de evolución. La mayoría de las lesiones persisten entre 2 y 10 días, pudiendo persistir color rojo o eritema o pigmentación postinflamatoria después de su resolución. Eventualmente puede desarrollarse una cicatriz. El prúrigo agudo no se asocia a síntomas generales ni a adenopatías o ganglios vecinos.

 

Las pápulas pueden aparecer en cualquier parte del cuerpo, pero tienden a agruparse en áreas expuestas, principalmente en la cara extensora de las extremidades, y en sitios donde la ropa queda ajustada, como en la línea de calcetines y bajo los elásticos de la ropa interior. Es menos frecuente el compromiso de cara, cuello, tronco, glúteos y muslos, y generalmente respetan las áreas genital, perianal y axilar. En algunos niños pueden ocurrir erupciones ampollares muy llamativas, probablemente debido a su marcada hipersensibilidad
Niños hipersensibilizados pueden presentar una erupción generalizada al ser mordidos nuevamente, al reactivarse las áreas previamente afectadas. La evolución de la enfermedad es en brotes de intervalos irregulares que mejoran con los cambios de ambiente.

Debe investigarse posible exposición a pulgas, ya sea por mascotas de la casa del niño o en casas que tiende a frecuentar. Las pulgas pueden encontrarse también en lugares abiertos. Si se permite exposición continuada al parásito, los ataques pueden persistir por 3 a 4 años, pueden ser perennes o recurrir estacionalmente. Muy ocasionalmente pueden persistir hasta la adolescencia o adultez.

¿Por qué se produce?
Durante las últimas décadas se ha intentado relacionar al prúrigo agudo con una alergia alimentaria, no lográndose establecer un origen dietético en ninguno o en muy pocos casos. Tampoco se ha logrado confirmar un origen psicológico o infeccioso del prúrigo agudo. En la actualidad existe consenso en considerar al prúrigo agudo como una reacción de hipersensibilidad a picaduras de diferentes insectos.

La menor prevalencia del cuadro en niños mayores y su desaparición hacia la vida adulta se correlacionan con una desensibilización producida por picaduras repetidas. Del mismo modo, los recién nacidos sólo se afectan de manera muy ocasional debido a que a esa edad los pacientes aún no han adquirido una sensibilización específica a los antígenos de insecto.

La mordedura de pulga es la causa más común de prúrigo insectario. La pulga es un pequeño insecto que no posee alas, de 2 a 4 milímetros de largo, de color café o negro. Se alimenta de sangre animal y humana. Las pulgas sólo saltan sobre el animal para alimentarse y luego se retiran, por lo que se estima que por cada pulga vista sobre un animal, se encuentran entre 10 y 100 pulgas en el entorno cercano. Una pulga sólo se encuentra sobre el animal aproximadamente 20 minutos al día. La pulga hembra deja sus huevos en lugares tibios y sombríos, como por ejemplo bajo los muebles, en grietas de muros y pisos, y en tierra húmeda. Por lo tanto, es importante transmitir a los padres que si sus mascotas están infectadas, también lo está su casa.

 

¿Cómo se trata?
El tratamiento más efectivo del prúrigo insectario es la identificación y remoción de los insectos del ambiente en que el niño se desenvuelve. Por este motivo la primera indicación siempre es la desinfección de las mascotas y la fumigación de la casa y otros sitios posibles de contacto para lograr una desinsectación efectiva, lo que produce una mejoría muy significativa. Los repelentes para insectos pueden ser utilizados en áreas que no sea posible desinsectar, sin embargo su utilidad es muy limitada. En aquellos casos en que no se ha podido prevenir el contacto con insectos y el paciente tiene un brote eruptivo, este debe recibir tratamiento sintomático. Los pilares del tratamiento durante el brote agudo para el alivio del prurito son las lociones antipruriginosas y los antihistamínicos orales. Para que sean efectivos, deben ser administrados en forma continua, de esta forma puede ayudar además a disminuir la reactivación de lesiones previas al ser mordido nuevamente el niño. La sobreinfección bacteriana requiere tratamiento con antibióticos tópicos o sistémicos y descostraje.

 

DR. LUIS RUIZ


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